Retomamos la presentación de ideas sobre lo que denominamos participación en la Sociedad del Conocimiento... la intención es hacer
aportes para entender el conocimiento como procesos o formas que mejoren nuestro rendimiento en la cohesión social actual. La atención estriba en dos vocablos: conocimiento y rendimiento del aprendizaje. Y para no quedarnos marginados debemos, entonces, capitalizar, o mejor dicho, conceptualizar la intermediación de dichos vocablos en su consideración como atributos de señalización para una mejor sociedad. La tecnología de la información es el marco referencial donde se conduce la mayor importancia para los cambios sociales y económicos del presente siglo. De manera que, las organizaciones: investigativas, tanto científicas como educativas, autoridades: políticas, salud, etc. deben ampliar y potenciar, que su participación colectiva, está diseñada en directa proporción con el conocimiento y el aprendizaje. En consecuencia, todos los sistemas que participan en este reacomodo social deben satisfacer nuevas expectativas y enfrentar nuevas competencias... la inteligencia social es y será una forma de trabajar en dicha orientación. En este planteamiento, aplicable a organizaciones y personas, surge un término
adecuado a la prestación de un efectivo actuar, aprendizaje organizacional… sistemáticamente debemos aplicar lo aprendido. Es casi seguro que muchos de nosotros hemos realizado infinidad de talleres, seminarios, cursos… toda una parafernalia de eventos comunicacionales de enseñanza y aprendizajes. Sin embargo, ¿Han mejorado nuestras
competencias?... ¿Qué iniciativas de innovación he reportado en mi entorno? Es de hacer notar los grandes cambios actuales: globalización, avances en la tecnología, la alta generación de información…. ¿De qué realidad comento? No es moda tener una visión y una forma de hacer las cosas, creo, indiscutiblemente, que obtener mejores resultados personales es, en sentido práctico, disciplinarse en el contexto de la formación personal: espacio para la aplicación del conocimiento obtenido, orientación de mis cualidades metacognitivas, colaborar en soluciones de las necesidades de la organización a la cual pertenezco, pero sobre todas las cosas:
todos debemos estar comprometidos con aplicar lo aprendido. El futuro de ese compromiso es una política de comunicación y educación. Es la actitud la que preserva la actualización de contenidos, formación complementaria, educación continua, pero, entendiendo que existen circunstancias que deben ser adaptables sin relegar, esto que se llama:
Aprendizaje Organizacional.